Leí una vez en una revista brasilera sobre literatura que, durante la década de 1980, al hacerse cada vez más fácil la publicación de poemarios, se abrió la puerta para que poetas mediocres dieran la hora y ocuparan los principales espacios.
Pasa con los blogs algo análogo. Letras sin forma ni fondo, palabras sin contenido, frases huecas y textos burros son las balas de este funesto imperio del nihilismo postmoderno. Cuanto más fútil, cuanto más cojudo, mejor.
Digo esto sabiendo que estoy incurriendo necesariamente en la función metalingüística o en el quehacer autodescriptivo. Este mismo texto no ha de salvarse de la mediocridad, pero tampoco es ésa mi intención.
Felizmente.
José A. Vargas Bazán.
Rio, setiembre de 2008.
martes, 16 de septiembre de 2008
viernes, 22 de agosto de 2008
Balada por un anciano
Balada por un anciano
No será la vida mala,
el cuerpo rudo,
el llanto ajeno.
No serán las mujeres
que perdimos,
la voz sin eco,
las deudas de por vida,
el silencio ensordecedor
de los ancianos.
No será,
en este fin de vida,
la incosecuencia,
la traición,
los desaires,
la insensatez
o la prostatitis.
No nos moriremos
por falta de fe;
nos iremos,
lento,
como todo lo que es definitivo,
por exceso de fe.
-Hoy no puedo a salir. Tengo que cambiarle sus pañales, se ha orinado. Además, no puede caminar, está con tos y llora toda la madrugada.
-¿Tienes un bebito en tu casa?
-No, es mi padre. Tiene ochenta años.
José Vargas B.
Rio, agosto de 2008.
No será la vida mala,
el cuerpo rudo,
el llanto ajeno.
No serán las mujeres
que perdimos,
la voz sin eco,
las deudas de por vida,
el silencio ensordecedor
de los ancianos.
No será,
en este fin de vida,
la incosecuencia,
la traición,
los desaires,
la insensatez
o la prostatitis.
No nos moriremos
por falta de fe;
nos iremos,
lento,
como todo lo que es definitivo,
por exceso de fe.
-Hoy no puedo a salir. Tengo que cambiarle sus pañales, se ha orinado. Además, no puede caminar, está con tos y llora toda la madrugada.
-¿Tienes un bebito en tu casa?
-No, es mi padre. Tiene ochenta años.
José Vargas B.
Rio, agosto de 2008.
miércoles, 13 de agosto de 2008
"Supongo que diez"
La veo cruzar la esquina,
empuñando sus llaves
mientras duermo.
En mi alcoba,
mi nariz se encanina por el rojo retazo
de un pedazo de falda que le arranqué,
mi cajón es como una chimenea asando un hueso.
Al despertarme aspiraba el aroma
del amor inexistente de aquella prenda
con precavidos pasos, sin medias.
Prendía un cigarro después de la leche con cereal
e inconscientemente le agregaba fresas
y me mordía los labios.
Al acostarme,
la veo una vez más
y me saco el pantalón.
Descubro que inventando preces
las lágrimas pueden caer hacia arriba hasta desaparecer
en unas lágrimas que no tienen peso.
empuñando sus llaves
mientras duermo.
En mi alcoba,
mi nariz se encanina por el rojo retazo
de un pedazo de falda que le arranqué,
mi cajón es como una chimenea asando un hueso.
Al despertarme aspiraba el aroma
del amor inexistente de aquella prenda
con precavidos pasos, sin medias.
Prendía un cigarro después de la leche con cereal
e inconscientemente le agregaba fresas
y me mordía los labios.
Al acostarme,
la veo una vez más
y me saco el pantalón.
Descubro que inventando preces
las lágrimas pueden caer hacia arriba hasta desaparecer
en unas lágrimas que no tienen peso.
"9"
Esa,
era capaz de besar tus heridas
para verlas sangrar,
sus labios como una inversa trampa para osos acechaban sobre la almohada
mientras que su falda quedaba atrás;
si en una noche fría invitaba un trago de vino
era en la mitad
de la mitad del mar,
si alguna vez lloraba cual magdalena
te ofrecía una cruz
para que decidieras en qué religión querías estar...
Sin embargo, tenía cosas buenas.
Ese par de cosas...
pequeñas, semi-europeas creo.
Ella,
te ofrecía la más dolorosa tarifa (4 estrellas):
lágrimas
o
pañuelos y demencia.
Su voz perfora el tiempo,
su recuerdo no tiene arrugas,
su marcha es aún verde, pareciera que madura;
tiene veinte y uno
y dos
y tres
y cuatro
y cinco
y seis...
(diplomas y Nerudas)
Esa.
Yo le llamaría puta
con el respeto de ellas,
a su corazón.
Lima, 13 de agosto de 2008
Oscar E. Donayre Gonzales
era capaz de besar tus heridas
para verlas sangrar,
sus labios como una inversa trampa para osos acechaban sobre la almohada
mientras que su falda quedaba atrás;
si en una noche fría invitaba un trago de vino
era en la mitad
de la mitad del mar,
si alguna vez lloraba cual magdalena
te ofrecía una cruz
para que decidieras en qué religión querías estar...
Sin embargo, tenía cosas buenas.
Ese par de cosas...
pequeñas, semi-europeas creo.
Ella,
te ofrecía la más dolorosa tarifa (4 estrellas):
lágrimas
o
pañuelos y demencia.
Su voz perfora el tiempo,
su recuerdo no tiene arrugas,
su marcha es aún verde, pareciera que madura;
tiene veinte y uno
y dos
y tres
y cuatro
y cinco
y seis...
(diplomas y Nerudas)
Esa.
Yo le llamaría puta
con el respeto de ellas,
a su corazón.
Lima, 13 de agosto de 2008
Oscar E. Donayre Gonzales
sábado, 26 de julio de 2008
"De piel, sentir"
A las jamás tocadas
o a ninguna.
Sobre su figura tallada decliné mi atención.
Sobre su cama parecía ser callada por un dios del sueño
o por un sueño de sexo
de aliento impoluto y de placentera rebeldía;
mientras dormía,
parecía que la belleza le pesaba...y sonrió.
Y con un movimiento seductor
me dijo su lunar que escapaba de la sábana
que si me atrevía,
la podía encontrar en donde camina y se sienta,
en donde su cadera no miente.
A ella le falta solo la muerte para ser completa.
Sus huesos son de seguro blanquísimos...
Porcelana que grita bajo la luna,
sus piernas tardan en venir
pues son como pétalos
y mis ojos,
mis ojos son solo dos.
Veo reaccionar sus senos bajo la sábana oscurecida,
tiene una pesadilla,
ella suda
y en esta realidad húmeda,
trepo un poco más,
un poco más por su balcón.
Círculos de vainilla,
combinación reluciente de sombra y vapor;
vista que vive sobre el tiempo,
paisaje de alta temperatura,
panorama que exige devoción,
la pared cumple su papel de protección,
hace mucho frío sobre los girasoles
y sus empolvadas vestiduras,
me duelen las manos
y me duele más, su inconsciente voz.
Sus labios se abren lentamente apuntando a la ventana
y llega a mi corazón como daga
el nombre de aquel dios...
Su boca es nociva a los bosquejos de mi fantasía,
hasta el amanecer...
Ebrio de Jules,
su carrusel,
mis lágrimas,
sus ruedas,
todo en la mente...
su imagen,
el desear tenerla.
Fresco laberinto paralelo al cuerpo...
Ella siendo la salida.
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 26 de julio de 2008
domingo, 20 de julio de 2008
"Historia de primaria"
Yo hice una historia al verla.
Al recordarla volví a fumar.
Y fui constante e irresponsable,
literalmente como un otoño quebrándose en la tarde de los trenes.
Sin embargo, no escribí nada aquellos días,
nada en la última página del cuaderno,
nada en las notas de amarillo enérgico,
ningún número en la libreta negra,
ningún mensaje mandado por correo;
mis manos se empolvaron,
se agrietaron mis maletas,
el lapiz fue un espejo solitario,
el dolor estos días no hizo la limpieza...
Di un paseo en la madrugada con zapatos sin respuesta.
Y la historia fue una aventura en la penumbra del silencio,
un juego desinhibido del rincón egoísta de la mente.
Sus libros sufrieron de amnesia,
mientras que mis labios fueron cocidos por los hilos del sufrimiento,
cada milímetro de la herida no tiene culpa,
cada gota roja se la entrego...
Fue suficiente,
su espalda,
su cuello,
ella me inundaba con aire los movimientos;
ella sin moverse,
yo sin saberlo.
Llevo conmigo lo suficiente,
la noche y sus ojos;
al alejarme,
le doy los míos desde la esquina intermitente
¡cómo describe sin mover la boca, la dulzura y
el envenenamiento!
No vi pasar a la mañana...
Pero la vi de nuevo
y los nombres de los niños vinieron a mi mente,
sabía tan solo un apellido,
un colegio y un vientre.
Pero volví a fumar,
y esta vez con vino
y fui constante e irresponsable que no recuerdo haberla conocido...
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 21 de julio de 2008
Al recordarla volví a fumar.
Y fui constante e irresponsable,
literalmente como un otoño quebrándose en la tarde de los trenes.
Sin embargo, no escribí nada aquellos días,
nada en la última página del cuaderno,
nada en las notas de amarillo enérgico,
ningún número en la libreta negra,
ningún mensaje mandado por correo;
mis manos se empolvaron,
se agrietaron mis maletas,
el lapiz fue un espejo solitario,
el dolor estos días no hizo la limpieza...
Di un paseo en la madrugada con zapatos sin respuesta.
Y la historia fue una aventura en la penumbra del silencio,
un juego desinhibido del rincón egoísta de la mente.
Sus libros sufrieron de amnesia,
mientras que mis labios fueron cocidos por los hilos del sufrimiento,
cada milímetro de la herida no tiene culpa,
cada gota roja se la entrego...
Fue suficiente,
su espalda,
su cuello,
ella me inundaba con aire los movimientos;
ella sin moverse,
yo sin saberlo.
Llevo conmigo lo suficiente,
la noche y sus ojos;
al alejarme,
le doy los míos desde la esquina intermitente
¡cómo describe sin mover la boca, la dulzura y
el envenenamiento!
No vi pasar a la mañana...
Pero la vi de nuevo
y los nombres de los niños vinieron a mi mente,
sabía tan solo un apellido,
un colegio y un vientre.
Pero volví a fumar,
y esta vez con vino
y fui constante e irresponsable que no recuerdo haberla conocido...
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 21 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
"n"
Yo la vi pasar adueñada de las miradas,
su rostro bello y sin ayuda,
sus labios de natural carmín
y su piel de vainilla oscura;
sin límite, sin final, sus ojos resplandecían la premura de un cielo con horarios.
- A unidad de pasos, cercando la fantasía,
yo la idealizaba; me acercaba disimulando desinterés
para caminar por sus pasos con polvo y la acera recién bautizada -
Yo quise que se extraviara, y
yo quise perderme con ella.
Yo quise desencadenar su camino porque la amaba y
ramificar su horizonte impactando nuestras brújulas, por esa única hipotética vez atontadas.
- Digamos en voz que nunca escucha,
que tal vez la conozca -
Un deseo, una estrella que pasa...
fuga.
Averigué su nombre y me supo a gloria.
Mi antojo por las cosas,
mi gusto por su boca, su provocación y punto.
El resumen de sus manos, para algunos es la cuerda a un nuevo día;
para mí, es el hilo a una noche infinita.
Sus ojos abiertos a la oscuridad;
con él,
sus besos saben tan amargos...
Mis respuestas no tienen preguntas,
mis ojos no tienen más llanto, más estorbo;
si no la hubiese visto pasar aquel día,
probablemente sería fugitivo de los que la siguen,
probablemente así hubiese vencido al sonido de Hamelín,
de seguro a mí me hubiese visto.
- ¿Quién eres? ¿Qué tenemos? -
Nadie y nada.
Tú y yo.
Amor y odio.
Por "enésima" vez desisto al esfuerzo...
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 10 de julio de 2008
su rostro bello y sin ayuda,
sus labios de natural carmín
y su piel de vainilla oscura;
sin límite, sin final, sus ojos resplandecían la premura de un cielo con horarios.
- A unidad de pasos, cercando la fantasía,
yo la idealizaba; me acercaba disimulando desinterés
para caminar por sus pasos con polvo y la acera recién bautizada -
Yo quise que se extraviara, y
yo quise perderme con ella.
Yo quise desencadenar su camino porque la amaba y
ramificar su horizonte impactando nuestras brújulas, por esa única hipotética vez atontadas.
- Digamos en voz que nunca escucha,
que tal vez la conozca -
Un deseo, una estrella que pasa...
fuga.
Averigué su nombre y me supo a gloria.
Mi antojo por las cosas,
mi gusto por su boca, su provocación y punto.
El resumen de sus manos, para algunos es la cuerda a un nuevo día;
para mí, es el hilo a una noche infinita.
Sus ojos abiertos a la oscuridad;
con él,
sus besos saben tan amargos...
Mis respuestas no tienen preguntas,
mis ojos no tienen más llanto, más estorbo;
si no la hubiese visto pasar aquel día,
probablemente sería fugitivo de los que la siguen,
probablemente así hubiese vencido al sonido de Hamelín,
de seguro a mí me hubiese visto.
- ¿Quién eres? ¿Qué tenemos? -
Nadie y nada.
Tú y yo.
Amor y odio.
Por "enésima" vez desisto al esfuerzo...
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 10 de julio de 2008
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