¡Cómo me enseña a sufrir usted!
jueves, 23 de octubre de 2008
Redes
¡Cómo me enseña a sufrir usted!
martes, 21 de octubre de 2008
22 años

Oscar E. Donayre Gonzales
lunes, 20 de octubre de 2008
Parcialmente perdida

Son las noches que te escribo
y que tú le esperas,
las que parecen días interminables.
Y son noches inolvidables,
de las que saboreo el silencio de un amanecer;
imaginar que te desvisto,
y cojo del aire un parpadeo para detener
el perecer de un presentimiento.
Son las noches que te escribo más oscuras que las gotas del café que necesitas para abrazarle
y soltarle un beso a su regreso. Más oscuras que las sombras extraviadas en un espejo,
los túneles no me alcanzan.
Son las noches que de mutismo enfermo
en las cuales se potencian mis versos,
las palabras sufren de autismo,
su mundo de ajedrez les permite recorrer el camino cardiáco,
es un diagnóstico inmóvil porque no hay remedio.
La vida late despacio,
y en reiteradas ocasiones cuesta vivir.
Podría espesar mi esperanza y sin embargo no será la sonrisa protagonista de la verdad;
podría esconder mis debilidades y limpiar mis fracasos
mientras en el papel la blancura verá pasar sucias mentiras,
no sería yo culpable;
podría ver el cielo y una lágrima regalarle a la tierra
con tristeza o alegría,
sea cual sea la finalidad, el inicio es uno
y tú podrías ser la mujer que no lastima y sin embargo solo eres tú.
Subrepticiamente de los pianos que arriman la nostalgia,
nace una sensación vulgar que paga la libertad de su traje sastre;
con los aros de regalo, con las pulseras de catorce quilates,
las promesas preescolares también cadáveres,
de su amor que niega a morir su pozo putrefacto,
de su sonrisa que encubrió el sufrimiento con piel de ventura.
Y así se forjan los auto-maltratos,
con oro dogmático,
entre manos que vacilan,
caminando por acantilados tan jóvenes coleccionando despedidas
y como siempre,
saludando...
Y hoy que las flores se arrugan y el sol busca un diccionario,
el agua que he de beber la escupo a los años.
Y derrumbo la estafa de la percepción,
todo lo que mis ojos reciban pasará por un filtro antojadizo
o quizás no.
No puedo amarla pero puedo amar lo que comprendo de ella.
Oscar E. Donayre Gonzales
domingo, 19 de octubre de 2008
Una distracción ínterin (statu quo)
A veces suelo imaginarte solacuando sé que no lo estás.
Amparo la ilusión de que pronto me darás un par de afirmaciones mientras al verte, enfermo de catalepsia leve.
No me refiero solo a encorazonar imágenes o
glasear con trazos encurvados las hojas blancas, sino a encender la violeta lamparilla de mi alcoba pensando que se multiplican tus lecturas detrás del cristal, que anda noctívago tu calor por mi ruta, que tu esfuerzo es tranquilo e inmerso en una rescatable soledad.
A veces te comprendo.
Y se me concentra la energía en el silencio porque vaya nochecitas son las que te sueño, cuando son de frío puro y nadie lo sabe, cuando soy uno al cubo, cuando hay demolición en el tiempo.
Recorremos a las fotos amarillas, a releer cartas de simulacro o libros de presumir, hacemos aparecer la R en el vehículo otra vez. Pero no esta noche, hay prohibición de retroceso; esta noche vencerás el miedo a la oportunidad, dejarás la macocoa con tu mascota, pues ella sabrá que hacer.
A veces el silencio se escucha.
Porque el silencio es el grito más desesperado de la raza humana, el cumpleaños del lenguaje.
Yo puedo verte mientras que tú solo me escuchas, no es necesario estar frente a frente o tomarnos de la mano, es preciso sentirnos amados cuando se internan las enfermedades o cuando se siente haber escrito una historia en el viento de verano.
Yo te digo que mires la luna y tú me respondes que cierre los ojos... es como debe ser,
como somos.
Los besos se deben naturalizar,
y nosotros debemos besarnos.
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 19 de octubre de 2008
jueves, 9 de octubre de 2008
"Parte de ti"
deja de decirle a Dios lo que debe hacer!
Escucha la sangre de la tierra,
ella no asusta a nadie,
perdona mientras corre;
pero no la hieras con la tuya,
tampoco la manches con la nuestra
que en la última puesta de sol
un segundo de reflexión que ocurra,
la testigo de tu carne caída te recibirá
haciéndote una casita en su barriga, sin mucha altura.
La locura es el crepúsculo interior,
un refugio empolvado y equitativo de nacimiento.
Hace tanto que no la veo. La imaginación me llevó a otros labios.
Hace tanto que no me invento motivos diversos.
Todavía logro verme en el espejo
sigo sosteniendo su frágil bufanda.
Hay ocasiones en las que me pregunto si
el que recuerda es el que lleva la filosofía,
las interrogantes y los límites en una personal ordalía.
Pensar es como jugar con una daga en la mano
y avanzar,
y correr,
y saltar pensando que cada vez
se puede llegar más alto.
Me hieren, luego existo, quiero decir que dicen...
Empero, después de haber amado,
sigo haciéndolo a una distancia que imposibilita la calma.
Existen ojos para cada persona,
ojos ajenos,
ojos que valoran,
que detienen su búsqueda en la ciudad,
que logran desaparecer su dolor,
que gimotean con voz de papel y reflejan claveros.
Traté mal a mi paz
y no saludé a las estrellas como lo hacía en mi niñez,
todo es tan fugaz.
Quisiera besarte.
¡Capuchinas a tus pies!
No quiero mi piel con libertad.
No quiero mi voz en un escenario.
Extraño tus caricias,
extraño tus distracciones en mis labios,
extraño tresañal,
lo estático que se hace aceniza.
Los ecos se expanden,
vuelan y nadan;
y yo solo puedo arrastrar mis propias acusaciones.
Tengo varios libros viejos que he vuelto a leer,
desconcentrado quisiera estar para fundamentar mi ausencia de respuesta;
ninguno me sirve, ninguno me ayuda;
los sembré en el alma mía
pensando que encontraría una manera de recuperar mi pasado,
pero cada letra, cada párrafo
es inútil en mis días.
Decidí buscar en las librerías,
unos buenos.
Grandes libros,
grandes hombres;
pero hoy,
hoy no logro encontrarlos.
Tal vez mañana publiquen cosas de más sentido.
Y volví a darme vueltas por las esquinas
y frené a lanzar un par de aviones verdes a las cajas.
Me llevé 3 obras muy bien empastadas
y en las noches respectivas con ellas aprendí a soportar
las mañanas solitarias.
Hoy me siento como la evolución de Gonzales Prada,
como Vallejo,
con los indios al galope,
con apetito de justicia;
hoy necesito lo que merezco, lo que fue poderosamente mío.
Hoy mis ojos funcionan por el lado oscuro,
son lucernas autónomas.
Puedo tenerlo todo cuando cierro mis ojos.
Hoy ella viste camisolas,
se ve más radiante como cuando tenía su pancita.
La acompañan su hija y su amor
(acepto con lamento).
A diferencia de la tierra, ella ganó una sonrisa,
se purifica mientras aprende el oficio que proyecta la vida;
la tierra me acogerá en su vientre
pues ya no puedo acurrucarme en sus brazos de mujer.
----
6 meses después (supongo que lo siguiente...)
----
La veo jugar
e imagino que así lo hacía su mamá.
Quisiera darle un beso en la frente como si fuera mía.
Cargarla y ayudarla a deslizarse por el tobogán...
Necesito.
Oscar E. Donayre Gonzales
viernes, 3 de octubre de 2008
En memoria de un viejo lobo
Comencé a hacer de esto algo natural. Más, ha llegado al punto de que, si un día no tengo el jornal en las manos, siento que algo falta aquel día. Aparte de ser baratos, esas publicaciones siempre me agradaron porque son más cortas, fáciles de leer y no tienen gran coherencia ni parecen pretenderla. He comprendido que lo que diferencia a los periódicos baratos de los más caros no es una postura a la derecha o a la izquierda, ni siquiera una calidad particularmente inferior al resto. Es, más bien, la falta de padrón, la ausencia de cohesión y coherencia lo que los caracteriza. Sin recursos para tener en sus filas a los columnistas que quisieran, los editores se ven obligados a juntar en el mismo espacio todo tipo de columnistas, de las más diversas calidades, opiniones, estilos. En el mismo diario, en la misma edición, pueden verse airadas protestas contra la invasión de Irak lado a lado de igualmente apasionadas apologéticas en favor de la guerra preventiva.
Entre las columnas que con más avidez he leído en los últimos tiempos, está la de Fausto Wolff, cuyos artículos, alojados en el Caderno B del Jornal do Brasil, yo leía casi diariamente. Antes de entrar al salón de clases, compraba el periódico y, apenas tuviera tiempo para leerlo, comenzaba por la columna de Fausto Wolff, antes inclusive de los cómics y el crucigrama.
Hace un par de semanas, al abrir el Jornal do Brasil antes de mi clase, me di con la ingrata sorpresa de la ausencia de aquella columna que con tanto afán yo leía. Fui para la capa del periódico y, en una esquina, estaba la noticia que comunicaba el fallecimiento de Fausto Wolff.
Vale decir que casi nunca concordé con las cosas que él decía en su columna. Sólo eventualmente, cuando hablaba sobre literatura, compartía alguna idea. Pero sus ideas políticas (que no eran pocas) casi siempre las rechacé y discordé de ellas de medio a medio. Él era militante del Partido Comunista Brasileiro (PCB), facción trotskista que, de más decirlo, era todo lo opuesto a un maoísta. Su postura frente a la actual situación de Bolivia, de Venezuela, de Lula, ..., siempre me sentí alejado cuando no opuesto a ellas.
Al preguntarme qué me hacía procurar con tanto interés las palabras de alguien que pensaba tan diferente de mí, veo que es por algo que está por encima de la ideología, de la opinión y de la exégesis. Como él mismo dijo en un artículo, lo que diferencia a un escritor del resto no es tanto la técnica literaria como la sinceridad. En Fausto Wolff, yo podía acusar ingenuidad política, revisionismo, cualquier defecto en fin.
No podría, sin embargo, decir que era insincero. En sus artículos, parecía tener la sinceridad del borracho en el auge de la fiesta. Dejaba trasparecer que era de una época distinta del periodismo, época un poco más conservadora y un mucho más humana. Era un periodista más apto para otras eras, de las que, a mí, sólo me llegan las imágenes a través de la historia. Un articulista para esos años que él se encargaba de contarnos con orgullo que vivió, esos años en los que Rio de Janeiro ganó el nombre de Cidade Maravilhosa, cuando la selección brasilera encantaba por primera vez al mundo y Pixinguinha componía las canciones eternas de la música brasilera.
José Vargas Bazán
Rio, octubre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Interpelación silenciosa
comentando nuestros cuerpos con excelentes resultados.
En las épocas en las que teníamos prohibido fumar compartíamos besos ensimismados.
Solíamos sonreír sin esfuerzo y nos dormíamos tranquilos,
tus cabellos sobre mi pecho y mis manos sobre tu espalda,
eran imágenes,
momentos
que la libertad no podía alcanzar,
que las cruces retrataron...
Pocas son las veces que el alma se desplega con otra
y despierta para repetir en las pupilas de una mañana la voz de bienvenida,
en el vapor de la ventana,
la sensación máxima que se da nuevamente en medidas,
como hojas de parra.
Aunque solamente me haya acostumbrado
suelo tener dudas;
ellas se contorsionan como los labios extranjeros arrugándose en tus mamas,
sudores de paso noscivo en tu punto de carne,
¿es la imaginación acaso digna de ser ignorada?
La pregunta que ronda mis sesos
no debería existir,
no debió haber nacido, no controlo más lo que ladro; no domino más lo que miro;
la interrogación oprimió aquellos colmillos con los que atacaba a los que no tienen alma,
los partió mientras penetraban mis ojos
y las astillas envenenadas cortaron mis nervios oculares,
ya no podía ver ni girar la mirada, no existía horizonte verde o panorama,
el pensamiento quedó perpetuamente nublado...
Solía calmarme cuando dormíamos juntos,
a veces sobre tus senos, otras al sur de ellos;
solíamos soñar cuando arremetía el frío de la ciudad,
nuestros cuerpos intercambiaban información para no despertar,
nuestros corazones eran como niños.
Mi compromiso irreversible,
mi felicidad en absoluto;
todo se me escapó de las manos por una espina con esmalte,
por una mujer demasiado amable.
Hoy deseo verla marchitar,
ella contaminó lo que restaba de mi jardín,
lo que me quedaba de aire.
Yo te perdí por ella.
Esta noche que en otra alcoba eres amada,
el frío en la mía se hace más propietaria que cualquier posible
construcción de esperanza,
estoy como luchando en un estado soviético,
sobre una cama de arena blanca, sin testigos ni evocaciones,
callado y sin medallas,
herido de balas humanas,
(con símbolos y cartas, con una mano al fuego)
ando en un túnel.
Las municiones y vendajes fueron entregados con demora,
mis oídos desesperados se acomodaron en el auricular
tu leve angustia altruista me dio flores.
Di a los tuyos lo mejor de mi batalla,
los momentos sin sangre,
las canciones de victoria,
los disparos al cielo que nunca tuve;
pero como una granada en la espalda llegó tu llamada,
a 3 meses de embarazo,
me quedé mudo. No podía seguir luchando,
mi pecho fue apedreado por un fuerza desconocida, por un falso gracias,
un vacío pareciese haber consumido lo que conozco como cuerpo,
lo que no veo de él;
parte del aire se adorna con líquido despedazado,
parte que roza una curva apolillada, una mejilla sensible a los rayos del sol,
parte de mi mente ordena alegrarse con lo sucedido,
fingir por el bien de una familia ajena, lejana y dolorosa.
El camino apunta como flecha, es un horizonte agudo, difícil de caminar,
cada metro es uno más para el abismo;
las expresiones propias son irrelevantes,
y le contesté:
"felicitaciones, ahora tienes que cuidarte".
A pesar de los días y las palabras que no le confesé,
el efecto se ha diseminado en la ausencia de la luz,
crece con intereses,
más en la almohada sin hundir,
más en la luna que compartimos;
la vida que parece quedar por vivir, solo parece.
¡Qué absolutista puede resultar ser el dolor!
¡Qué largo puede llegar a ser su mandato!
las rodillas soportan el peso de cualquier ofensa,
el orgullo es un trago de seco y volteado,
el constante afán de resolver el pasado,
el movimiento mecánico de los celos, la mente fugaz y calcinante,
el hospital donde mi ausencia pasará de visita,
las lágrimas en 2 lugares distintos, la mujer semejante, los 2 hombres emocionados...
los hospitales no son los mismos, se derrumban cuando hay emergencias
y operaciones de cuidado.
Siempre queda un sin embargo,
un sentimiento por resolver, un amor inconcluso,
un pudo ser;
ya no juego ajedrez, ya no lanzo más dados... todo eso,
me lo hiciste saber,
con tu trato, con tu amor... ahora me puedo convencer
de que lo mismo sentía yo.
Puedo dibujarme una sonrisa con sangre,
puedo escribir incluso temblando,
y hoy,
después de mil cambios, no sé si podré recuperarte.
Darás a luz y nunca he visto mi vida tan oscura.
Oscar E. Donayre Gonzales
Lima, 30 de Setiembre de 2008
